Se materializa en un corazón fragmentado en reflejos, como una bola de disco que no deja de multiplicar la luz. Su estética está construida desde el brillo, la fragmentación y el movimiento visual: pequeños espejos que capturan cada estímulo y lo devuelven amplificado, en todas direcciones. No hay un solo punto de foco, todo vibra, todo cambia. La luz no se posa… rebota, parpadea, estalla. Es una emoción que no se puede sostener, solo atravesar.
La pieza nace de un proceso compartido con jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde la euforia aparece como un instante intenso, casi necesario, dentro de realidades complejas. Se ha trabajado la emoción desde su dualidad: ese momento en el que todo brilla, en el que no duele nada, en el que el cuerpo y la mente se sincronizan en una subida emocional que lo invade todo. Pero también su carácter efímero. Como los reflejos de los espejos, cambia constantemente, no se puede fijar, no se puede retener.
Cada elemento —los cristales, el brillo, la multiplicidad de reflejos— representa esa sobreestimulación, esa explosión de sensaciones rápidas y cambiantes. Una emoción que se siente real, intensamente real… aunque dure solo unos segundos. Y ahí está su verdad: la euforia no se posee, se atraviesa. Es ese instante en el que todo parece encajar… justo antes de volver a apagarse.
Euforia S
- 28cm X 16cm


