Se construye desde la rotura, no desde la perfección. Este corazón, aparentemente limpio y sereno, revela en sus grietas doradas la huella de lo vivido. Inspirado en la técnica de reconstrucción cerámica —donde lo roto no se oculta, sino que se honra—, las fracturas se refuerzan y se hacen visibles, convirtiéndose en parte esencial de su identidad. El blanco transmite calma, pausa, silencio; el dorado, en cambio, señala cada herida como un lugar de valor, como un recordatorio de todo aquello que, aun habiendo dolido, también ha sostenido.
La obra nace de un proceso compartido con jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde la gratitud no es inmediata ni sencilla, sino un aprendizaje profundo. Cada decisión —forma, textura, color— responde a esa mirada: entender que lo que se rompe también puede reconstruirse, y que en ese proceso existe una oportunidad de resignificar la experiencia. Aquí, las cicatrices no se esconden, se celebran. Porque incluso desde la herida, puede surgir algo digno de ser agradecido.
Gratitud L
- 39X25cm.


