Se presenta como un volumen contenido, envuelto en una bolsa de basura que oculta, comprime y deshumaniza. La elección del material no es casual: lo cotidiano, lo desechable, lo que se aparta sin mirar. La forma, ambigua pero orgánica, sugiere la presencia de algo vivo que ha sido reducido a residuo. El plástico negro, brillante y arrugado, refleja la luz de forma irregular, generando una tensión constante entre lo visible y lo oculto, entre lo que se percibe y lo que se ignora.
La obra nace de una exploración compartida con jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde el rechazo no es una idea abstracta, sino una experiencia recurrente. Se ha trabajado esta emoción desde su raíz, dando forma a esa sensación de ser apartado, de no encajar, de ser invisibilizado. La textura comprimida, el nudo que cierra la bolsa, la ausencia de identidad visible… todo construye una narrativa de contención forzada, de existencia negada, de valor cuestionado.
Aquí, el rechazo no se representa como un gesto externo, sino como un estado que se interioriza. Lo que antes era emoción, ahora es residuo. Y en esa transformación incómoda aparece la pregunta que atraviesa la obra: ¿en qué momento dejamos de ver a la persona… para empezar a ver solo lo que queremos descartar?
Rechazo XL
- 73cm × 43cm


