Se manifiesta como un corazón sometido a un proceso de oxidación lenta, progresiva y descontrolada. La materia no se deteriora de forma uniforme: hay zonas más invadidas, otras que aún resisten, evidenciando cómo esta emoción no actúa de manera lógica ni equilibrada. El óxido no solo transforma la superficie, la invade, la consume, alterando color, textura y estructura. Lo que antes era orgánico y vivo se vuelve áspero, pesado, erosionado. La luz ya no resbala con claridad, se apaga en los puntos más dañados, mientras la oscuridad acentúa esa pérdida de control.
La obra nace de vulnerabilidad, donde el resentimiento se entiende como una emoción que no se libera, sino que se acumula y se queda. El propio material ha sido trabajado para dejar que la oxidación ocurra, sin forzarla completamente, permitiendo que evolucione casi por sí misma, como ocurre con esta emoción en el interior. Cada decisión —textura, color, proceso— responde a esa vivencia real: partes de uno mismo que se van desgastando sin darse cuenta. Y en esa transformación silenciosa surge la pregunta que sostiene la pieza: ¿a quién seguimos castigando cuando no soltamos lo que nos hirió? Porque el rencor no cura… solo hace que la herida siga latiendo.
Resentimiento S
- 28cm X 16 cm


