Se presenta desde lo blando, lo vulnerable y lo aparentemente dulce. Este corazón arrugado, de materia flexible y tonos pastel, rompe con la idea de una coraza rígida: aquí la protección no endurece, sino que deforma. La suavidad del color y la textura no eliminan el dolor, lo contienen, lo silencian. Los cristales incrustados atraviesan la superficie como heridas visibles, mientras la purpurina brilla en las grietas, iluminando aquello que duele. La luz cálida y tenue no sana, pero señala que incluso en la fragilidad más profunda puede existir una mínima apertura.
La obra nace de un proceso compartido con jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde la desconfianza se vive desde la sensibilidad herida más que desde la dureza. Cada decisión estética —forma, color, textura y luz— responde a esa exploración emocional, entendiendo que protegerse no siempre implica cerrarse, sino transformarse. Y en esa tensión permanece la pregunta que sostiene la pieza: ¿qué duele más, la herida reiterada o el eco de un corazón que, aun roto, sigue queriendo sentir?
Tristeza XL
- 73cm × 43cm


