Se materializa en un corazón de hielo suspendido, roto y en proceso de deshacerse. Su superficie alterna entre la escarcha que aún resiste y las zonas que ya han comenzado a ceder, dejando ver una estructura quebrada, incompleta. La transparencia no protege, expone. Cada grieta, cada ausencia de materia, habla de una resistencia aparente que en realidad es extremadamente fina. La luz fría y la oscuridad que lo rodea acentúan esa tensión entre lo que permanece y lo que inevitablemente se pierde.
En su interior, una luz tenue y temblorosa apenas sobrevive. No ilumina, pero insiste. La obra nace de un proceso compartido con jóvenes en situación de vulnerabilidad, donde la fragilidad no se entiende como debilidad, sino como un estado constante de equilibrio inestable. Forma, textura y materia se han trabajado desde esa vivencia: sostenerse aun cuando algo se rompe, reconstruirse sin volver a ser lo mismo. Y en esa dualidad permanece el sentido de la pieza: incluso en lo que parece a punto de desaparecer, puede existir una luz suficiente para decir “sigo aquí”.
Fragilidad XL
- 73cm × 43cm


